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Hoy vamos a hablar de las propiedades de las costillas de cerdo, un ingrediente muy sabroso y presente en muchas recetas tradicionales.
Las costillas de cerdo son una excelente fuente de proteínas de alta calidad, fundamentales para el desarrollo y mantenimiento de los músculos. Además, aportan vitaminas del grupo B, especialmente B1, B3 y B12, que ayudan al correcto funcionamiento del sistema nervioso y al metabolismo energético.
También contienen minerales importantes como el hierro, el zinc y el fósforo. El hierro contribuye a prevenir la anemia, el zinc refuerza el sistema inmunológico y el fósforo es clave para mantener huesos y dientes fuertes.
Por otro lado, tienen un contenido moderado-alto de grasas, lo que las convierte en una opción muy energética. Por eso, es recomendable consumirlas con moderación y acompañarlas de verduras o guarniciones más ligeras para equilibrar el plato.
En resumen, las costillas de cerdo no solo destacan por su sabor, sino también por su aporte nutricional, siendo un alimento completo dentro de una dieta variada y equilibrada.
¡Vamos a cocinar! 



Hoy os traigo una receta deliciosa de costillar de cerdo, muy jugoso y lleno de sabor, perfecta para cualquier ocasión.
Ingredientes:1 costillar de cerdo
350 ml de agua
60 ml de salsa de soja
80 ml de tomate
1 cucharadita de pimentón
1 cucharadita de pimienta
1 cucharadita de sal gorda
2 cucharaditas de miel
3 cucharaditas de azúcar moreno
2 cucharadas soperas de mostaza
Aceite de oliva
PROCESO
Una vez que tengamos el costillar, lo primero que hay que hacer es quitarle la telilla fina que tiene por una de las caras. Para ello, nos ayudamos con un trozo de papel de cocina, así podremos agarrarla mejor, y tiramos poco a poco hasta retirarla por completo.
A continuación, cortamos las costillas en porciones, procurando que cada trozo tenga bastante carne.
Ahora las colocamos en una sartén o cacerola amplia y añadimos agua hasta cubrirlas por completo. Las dejamos cocer durante aproximadamente una hora, a fuego medio, hasta que estén bien tiernas.
Ahora vamos a mezclar todos los ingredientes para preparar la salsita. En un bol echamos la soja, el tomate, la mostaza, la sal, la pimienta, el pimentón y un poco de agua. Lo removemos todo bien hasta que quede una mezcla homogénea.
Una vez ha pasado la hora de cocción, apagamos el fuego y vamos sacando las costillas. Las ponemos en un colador para que escurran y se sequen bien.
A continuación, ponemos una sartén al fuego con un chorrito de aceite de oliva. Cuando esté bien caliente, añadimos las costillas y las doramos. Pasados unos cinco minutos, incorporamos el azúcar moreno, removiendo bien para que se caramelicen y cojan un color dorado más intenso y un sabor delicioso. Cuando veamos que están bien doradas, añadimos la salsa que hemos preparado. Removemos bien para que las costillas se impregnen por todos los lados y dejamos cocinar durante unos cinco minutos.
Pasado ese tiempo, añadimos la miel, mezclamos de nuevo y dejamos que la salsa reduzca y se integre bien con las costillas, aportando ese toque final dulce y brillante tan apetecible. 



Se apaga del fuego y se emplata.
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